Soy una mujer caliente y puta como muchas


Mi número especial era meterme debajo de la mesa, mientras los amigos de Celso jugaban dominó, y ponerme a mamárselas. A veces no sabía bien a quien se la estaba mamando, yo las escogía según mi antojo y era común que me pasaran billetitos debajo de la mesa para continuar haciéndoselos. Celso puso una cama con una cortina para que los que se acostaban conmigo me llevaran ahí.

Hola, me llamo Aída, soy casada con dos hijos. Comencé mi vida sexual a los 18 años, cuando estudiaba la prepa. Desde entonces con mi cuñado hemos tenido una relación cachonda, cuando éramos estudiantes, antes de que se hiciera novio de mi hermana lo conocí, nos gustamos y salimos varias veces y nos pusimos unos fajes bien ricos que hasta le fecha me gusta recordarlos, pero nunca nos hicimos novios. La primera vez que masturbé a un hombre con mis manos fue a él. Después el se hizo novio de una prima y yo del papá de mis hijos, salíamos juntos, íbamos a los bailes y en la casa de Eduardo, ahora mi esposo, teníamos relaciones. Un día Eduardo propuso un cambio de parejas y tuve relaciones con Javier y Lalo con mi prima. Me gustó, fue delicioso, me lo hizo como nadie me lo ha hecho hasta ahora y yo lo besé y le mamé todo, desde los dedos de los pies hasta la nariz, las orejas, los hombros, los dedos de cada mano y obviamente sus huevitos y su pene. Enloquecí ese día, no quería que acabara, lo cabalgué lo más que pude y después de tener los primeros tres orgasmos de mi vida, saboreé y me comí el semen de un hombre por primera vez.

Pero a la semana supe que estaba embarazada, se lo dije a Eduardo y se enojó, incluso quiso echarle la culpa a Javier, pero no era posible, yo ya tenía dos meses y por cierto que esa vez él me forzó en su casa. Javier terminó con Paula, mi prima y me buscó pero tuve que decirle la verdad y nos alejamos, hasta que mi hermana, que estudiaba en Cuernavaca regresó, se conocieron y se hicieron novios y después se casaron. Eduardo se fue al Colegio Militar y me dejó con mi niño. Mi hermana y Javier me apoyaron, salí adelante con su ayuda y la de mi mamá, pero siempre tuve la sensación de que yo hubiera sido más feliz con Javier. Cuando lo veía jugar con mi hijo, pensaba que él debía ser su padre.

Un domingo fuimos a comer y nos encontramos a unos tíos hermanos de mi mamá y nos invitaron, tomamos y tomamos, hasta que regresamos a su casa, mi hermana y mi hijo se durmieron y nosotros nos quedamos platicando y cantando en la sala porque él toca la guitarra. No me aguanté las ganas y le coqueteé y me ofrecí a él hasta que nos salimos al patio y en la tierra, así a raíz, le pedí que me hiciera de todo, hasta le pedí que me cogiera por atrás, estaba loca, caliente y volví a disfrutar su cuerpo moreno, delgado, se verga carnosa, palpitante y volví a disfrutar el sabor a mar de su semen. Quedamos exhaustos, acaricié su melena, su espalda, sus pompis y con mis manos se la volví a parar y lo masturbé con mis senos con todo mi amor y mis ganas de mujer.

Al día siguiente nos curamos todos la curda, era domingo y nos fuimos a jugar básquetbol, comimos juntos y en la noche, en mi cama, lloré de envidia porque sabía que Javier se estaba cogiendo a mi hermana y no a mi, finalmente me masturbé como él me había enseñado. Así pasaron tres años, no volvimos a tener relaciones pero convivíamos mucho y yo nunca dejaba de mirarle la bragueta, sabía perfectamente la delicia que ella guardaba. En ése tiempo perdí todo contacto con Eduardo, tuve novios, algunas relaciones locas, depuré mis técnicas de masturbación. Pero comencé a obsesionarme y a pensar todo el tiempo en falos, veía vergas por todos lados, me imaginaba hincada mamándole la verga a cada hombre que veía o conocía.

Un día regresó Eduardo, me dio gusto porque pensé que era mi salvación en todos sentidos. En el pueblo reivindicaba mi imagen de madre soltera, con mis papás resolvía el problema de la paternidad de mi hijo y la estabilidad familiar y con mi hermana y Javier, principalmente con él, salir de su vida y evitarle a él la inquietud de mi presencia. Eduardo era ya teniente, nos fuimos al estado de México a vivir en la casa que nos dio el ejército, pero no fue mejor para mí. Me pasaba la mayor parte del tiempo sola, en medio de un montón de soldados hambrientos de sexo, burdos, exhibicionistas, con miradas de violadores. Eduardo me cogía todo el tiempo, en la mañana, a la hora de comer y en la noche, a veces hasta en la madrugada, pero solo me cogía, no me hacía disfrutar y yo terminaba masturbándome a su lado cuando exhausto de vaciarse en mí, se quedaba dormido, como hasta ahora.

Un día Eduardo me llegó con el cuento de que lo iban a ascender, que por méritos tenía derecho y que solo necesitaba pasar un examen. Durante toda una semana nos pusimos a preparar el famoso examen, aunque a mi no me llamaba mucho la atención. Por fin llegó el día del examen, era un viernes. Me extrañó que no me llevara, pero hice una comida para esperarlo. Dieron las nueve de la noche y nada, así que dormí al niño, me puse mi bata de dormir y a ver televisión. Luego llegó Eduardo muy tomado y con otros soldados, uno de ellos un mayor, un coronel y varios tenientes. Yo no estaba preparada, así que lo primero que hice fue decirle que me iba a vestir. Se metió conmigo a la recámara y me obligó a ponerme una minifalda de algodón tableadita, un top, tobilleras y zapatillas. Yo pensaba que me veía terrible, pero cuando salí y vi las miradas de los soldados, me di cuenta que así me querían ver. Les di de cenar, tuve que ir a comprar alcohol y hasta me hicieron brindar por Eduardo varias veces. Yo no me quería ni sentar porque a donde iba me seguían con sus miradas lascivas, pero no tuve más remedio y les tuve que dar el espectáculo de mis piernas, mis senos y todo mi cuerpo.

Eduardo me hizo tomar más de la cuenta y me cachondeó delante de sus amigos, me denigró frente a ellos diciéndoles que era muy caliente y se la mamaba todo el tiempo, les pidió que me tocaran los senos, las nalgas y los muslos para que vieran que estaba buena y ya en su borrachera casi me ofreció con ellos hasta que me dijo la verdad, había reprobado y para que le ayudaran, me había ofrecido con el general del batallón. Tenía que estar al día siguiente en su casa. Lo tuve que hacer, en la mañana me mandaron un uniforme de enfermera para que pudiera ir a su casa sin que nadie sospechara. Llegué y ya me estaba esperando, era un viejo enorme como de 1:90, bien conservado y muy altivo. Me miró de arriba abajo y me ordenó que me diera una vuelta despacito. Me dijo que me doblara la falda para hacerla mini y que le bailara un poco. Puso jazz y como pude me moví delante de él, no le gustó y me dijo que me acostara en la alfombra, me hizo dar vueltas, levantar las piernas, enseñarle la pantaleta, hincarme, sentarme y caminar a gatas, todo con voz de orden muy prepotente. Yo estaba un poco asustada, me puse a llorar, pero al mismo tiempo me fui excitando. Sabía que estaba ahí para ser el juguete sexual de ese tipo.

Me ordenó que me sentara y me dio wisky, mucho wisky. Me preguntó de todo, mi edad, mis gustos, como había perdido la virginidad, como me cogía mi esposo, si me gustaba mamar y si me la había metido por el culo, en fin y mientras le contestaba me decía: “abre las piernas”, “déjame ver más”, “desabróchate la blusa”, “levanta más las piernas”, “no las cruces”, “métete los dedos”, en fin, me observaba toda a su antojo. De vez en cuando se sobaba el pene sobre el pantalón de su uniforme impecable.

Después de varias copas, me ordenó que me diera más vueltas en la alfombra y luego me recogió, me cargó y me llevó a su recámara. Vi las fotos, ropa y cosas de su esposa, me acostó boca arriba y me comenzó a besar y a manosear a su antojo. Cerré los ojos y me dejé llevar. La primera galanura que escuche de él, fue cuando me dijo que estaba deliciosa y que me tenía ganas desde que llegué. Me fue desvistiendo y comenzó por besarme y chuparme los pies, luego se prendió de mi boca y de mis tetas y cuando llegó a mi conchita, me desparramé en su boca. Inmediatamente se subió sobre mi, sentí su cuerpo pesado ahogándome, me la metió, me bombeó brutalmente y me vine como loca, luego se levantó, se bajó de la cama y así parado me agarró del pelo y me la metió en la boca hasta que se vino en mi garganta.

Comencé a desvestirlo porque todavía tenía el uniforme puesto, vi su registro y deduje que tenía 56 años, pero su pene estaba super erecto como el de Javier cuando terminaba de cogerme. Me ordenó que se lo mamara otra vez y en eso estaba cuando sentí sus movimientos y una aspiración muy fuerte: estaba inhalando cocaína. Por sus caricias en mis senos y en mis caderas, deduje lo que seguía. Mansamente me volteé cuando sentí sus manos en mis pompis, las abrió y me colocó su verga en mi ano, lo escupió varias veces, hasta que me tuvo como quería. Me dolía y grité y entonces comenzó a nalguearme. Nunca me la habían metido en el culo. Metió sus dedos en mi vagina y me vine nuevamente, luego sentí su chorro caliente en mis intestinos. Pensé que Eduardo por fin ya iba a ser capitán.

Me ordenó que le limpiara la verga con mi boca mientras él me manoseaba toda y se quedó dormido. Me levanté lentamente, recogí el uniforme de enfermera, comencé a vestirme y entonces se despertó. Me pidió que le dejara mis pantaletas y mi brassiere y que les pusiera mi nombre con un marcador que él me dio. Luego me dijo “ya vete perrita, cuando te necesite te hablo”.

Terminé de vestirme y salí de su casa. Los soldados que estaban de vigilancia me vieron con sorna, en el camino varios me reconocieron, algunos me saludaron y otros de mamacita no me bajaron. Unos me detuvieron para proponerme acostarme con ellos. Llegué a mi casa, mi hijo estaba dormido, Eduardo me esperaba con su pinche pregunta “¿Cómo te fue? ¡Me cogió, ya sabes! ¿Te gustó?, me preguntó y yo le dije la verdad: si. Para mi sorpresa, Eduardo se excitó muchísimo y me cogió toda esa noche y las que siguieron. Así me embaracé de mi hija.

El nombramiento de Eduardo no llegaba y tuve que acudir dos veces más a cumplirle al general, pero el ambiente se puso muy feo, todos sabían lo que pasaba, las mujeres de los oficiales dejaban de hablarme o chismeaban sobre mí y para todos los hombres no era más que una puta, así que decidí regresarme a mi pueblo. Eduardo enojadísimo me amenazó con abandonarme, pero aún así me fui. El regreso fue terrible, me sentía derrotada, humillada y aunque el recibimiento de mi mamá, mi hermana y mi cuñado no pudo ser mejor, decidí tratar de salir adelante sin Eduardo y por mi hijo, que ya entonces tenía 5 años. Pero mi primer problema cuando salí a buscar trabajo era que estaba embarazada y no tenía estudios, sólo terminé la preparatoria, así que lo más que pude conseguir fue administrar un restaurante. Luego tuve a mi hija.

Pero la forma de conseguir el puesto no fue fácil. El patrón, un viejo cincuentón chaparro, panzón y muy caliente, me revisó de arriba abajo, me hizo levantarme el vestido y me advirtió que necesitaba, después de mi embarazo, adelgazar e ir todos los días de minifalda y blusa escotada para atraer clientes, al igual que las meseras. No tuve más remedio que hacerlo, al mes de haber parido, salía de mi casa con ropa normal y en el restaurant me cambiaba. Debo decir que la idea no fue nada mala, la clientela comenzó a crecer y mi presencia al parecer llevó buena suerte al restaurante pues la verdad me gusta ser amable y atender bien a las personas, además de que estaba llenita pero sin verme gorda y mis senos grandes, cargados de leche. Pero para mi las cosas se complicaron un poquito, el patrón se la pasaba todo el tiempo toqueteándome, cuando menos lo esperaba, estaba atrás de mi frotándome su verga en mis nalgas y no tardó mucho en llegar la primera proposición del acostón. Yo me resistí lo más que pude, pero sus manoseos fueron en aumento y sus propuestas también.

Un día decidí rentar un departamento, la presencia de Javier era muy inquietante para mi, aunque por su trabajo y el mío pocas veces nos veíamos. Conseguí el departamento, pero mi problema era amueblarlo, así que decidí pedir un préstamo a mi patrón. Don Celso escuchó mi petición y me interrogó hasta que tuvo todo claro para él, entonces me ofreció amueblármelo él con la condición de que me portara a la altura, es decir, que le diera las nalgas según su lenguaje y me hiciera su querida. Le argumenté que no era posible por mi hijo, pero de inmediato me dio una alternativa, me dijo: no hay problema, yo no iría a tu departamento, tú irías de vez en cuando a mi departamento de soltero. Para eso ya lo tenía encima de mí manoseándome y besándome el cuello y no me resistí. Tenía tiempo de no tener relaciones y me aflojé para recibirlo completo dentro de mi. Francamente lo disfruté y aunque no llegué al orgasmo, recibí su semen calentito en mis entrañas con mucho placer. Me dijo que fuera a comprar los muebles que necesitaba y que le pasara las notas y me dio dinero para el taxi. Así me hice amante de Don Celso.

Desde ese día me hice su esclava sexual y comencé a hacer locuras que nunca me había imaginado. La primera es que me chupaba los senos, la segunda es que me convirtió en una mamadora profesional, Un día llegué a su departamento y estaba una mujer, me di cuenta de inmediato que era prostituta, me explicó que la había contratado para que me enseñara a mamar y efectivamente, esa mujer me dio una clase muy clara de cómo le gustaba a Celso que se la mamaran y fue tan convincente que terminamos las dos saboreando esa verga que no parecía la de un tipo como él. La tercera es que me hizo ninfómana, sus dedotes en mi vagina y en lo que él decía que era mi punto “G”, me hicieron dependiente del placer sexual.

Generalmente ponía películas pornográficas cuando estábamos juntos y aprendí a cabalgarlo y a besarle el ano para que se le parara, me daba de beber cócteles con su semen y me enseñó a usar la garganta para hacerlo venir en mi boca, era tan burdo que me pedía que podía hacer gárgaras con su semen. Pero yo no le importaba, casi nunca me vine con él. Pero eso si, por locuras no paraba. En ocasiones, cuando el restaurante estaba lleno y había mucho movimiento, se paraba frente a la caja y hacía que me hincara debajo del mostrador a mamarle la verga. Mientras se lo hacía hasta que se venía, yo escuchaba todos los movimientos. Otras veces, la que se paraba era yo y él se acomodaba detrás de mí para metérmela mientras yo atendía. Todo iba bien hasta que un día llegó su esposa y me encontró embelesada con esa verga en mi boca. Me corrió y fue un escándalo porque todo mundo se enteró cuando me vio salir humillada y limpiándome el semen de la cara, porque el cabrón todavía tuvo tiempo de venirse en mí.

Al día siguiente mandó a una de las meseras a decirme que me esperaba en su departamento. Lo encontré muy tomado, pero me ofreció seguirme pagando sin ir al restaurante, sólo debía ir de vez en cuando a ayudarle en sus reuniones nocturnas con sus amigos en su departamento. Acordamos que solo fueran los martes y los jueves y le inventé a mi mamá un cuento para que me cuidara esos días a mi hijo. No me imaginaba que con esa decisión iba a prostituirme y denigrarme tanto, aunque también iba a tener nuevas experiencias sexuales.

Resulta que don Celso usaba su departamento para reunirse con sus amigos a jugar dominó, llevaban mujeres y hacían bacanales. Originalmente mi función era la de preparar bocadillos, servir copas y dejar todo ordenado para el día siguiente. Como siempre Celso me ordenó andar en mini y con blusitas. Así pasaron dos semanas, hasta que una noche Celso excitado por el alcohol y porque le estaba yendo bien en el juego, me llamó y me pidió que me sentara en sus piernas, obviamente lo obedecí y comenzó a manosearme. En la mesa estaba el presidente municipal y otros del gobierno que eran amigos de mi papá y me conocía desde chiquita. Celso comenzó a manosearme y los demás comenzaron a comentarme que había crecido mucho, que me había puesto bien, en fin, me chulearon de lo lindo. Entonces Celso me ordenó que me pusiera debajo de la mesa para que se la mamara.

Quise resistirme, pero no tenía alternativa, lo hice, me acomodé, como pude, le desabroché la bragueta, se la saqué y me puse a mamársela sin muchas ganas. Sin embargo conforme le fue creciendo yo me fui poniendo de a mil, sentí mis juguitos escurriéndome y comencé a lamerle los huevos para que no se viniera tan rápido. El se jactaba con sus amigos de lo buena que era para mamarla y de reojo veía asomarse a los demás.

Yo estaba muy excitada, había bebido bastante y quería sexo. Celso se vació en mi boca como siempre, en mi garganta y con una fuerza que me obligaba a tragarme su primer tiro, como él dice, y luego entre tres o cuatro venidas más. Escuché aplausos y felicitaciones cuando les dijo orgulloso que me acababa de dar mi cena. Pero yo quería más y me aferré otra vez a su verga, entonces me preguntó que si quería más, claro que le dije que si y entonces me dijo que me esperara, me pasó un vaso de wisky, que sabe que me gusta, y cuando se lo regresé, escuché que le dijo al presidente municipal:

“A ver compadre, pásese para acá”. Vi movimientos de pies pero no me importó, quería verga y a pesar de que sabía quien era el tipo al que se la iba a mamar, un viejo amigo de mi papá, 30 años más grande que yo, comencé a frotársela, se la saqué del pantalón y así, flácida como estaba me la metí en la boca y se la lami y mamé hasta que se le paró. Sus comentarios eran de bastante mal gusto, entre los que me acuerdo es que decía que a mi en lugar de chichi me habían dado a mamar verga desde chiquita, comentaba lo buena que estaba mi mamá a mi edad y las ganas que todos le tenían en el pueblo, que se había acostado con él y con uno de sus hermanos y por primera vez me enteré que mi hermana, la esposa de Javier, que es maestra, andaba con el director de la preparatoria.

Yo me concentré a mamar, la verga de ese hombre ya estaba bien dura, pero no se venía y entonces retiraron la mesa para que todos me vieran mamado. La lujuria se apoderó de todos, nunca supe cuantos eran, pero comencé a sentir manoseos, me fueron desvistiendo y disfruté de lo lindo varias penetraciones y eyaculaciones en mis entrañas. La eyaculación del presidente fue casi de risa, unas cuantas gotitas, pero eso me valió al día siguiente una lavadora como regalo.

Don Celso encontró de esa manera, deshacerse de compromisos conmigo, tenerme cuando quería y quedar bien con sus amistades. Yo además de darle salida a mi ansiedad sexual, encontré una forma de tener más recursos, equipar mejor mi casa y atender a mis hijos con pequeños lujos. Celso puso una condición que acepté: solo lo haría en su departamento con quien él me dijera. Eso me protegía de alguna manera, pero completaba el cuadro de mi vida de puta, ahora tenía un padrote.

Cambié los días de trabajo con Celso, comencé a ir también los viernes y sábados. Mi mejor cliente, por así decirlo, era el presidente municipal, al grado que hasta me metió a la nómina del ayuntamiento como secretaria. Su pacer era doble conmigo porque me confió que cada vez que me cogía, disfrutaba mi cuerpo joven y se acordaba de mi mamá, lo cual hasta ahora no he querido confirmar con ella.

Pero mi número especial era meterme debajo de la mesa, mientras los amigos de Celso jugaban dominó, y ponerme a mamárselas. Como era un poco bajita, le pedí que la cambiara por una más alta y grande para que pudiera moverme con más libertad. A veces no sabía bien a quien se la estaba mamando, yo las escogía según mi antojo y era común que me pasaran billetitos debajo de la mesa para continuar haciéndoselos. Celso puso una cama con una cortina para que los que se acostaban conmigo me llevaran ahí, eso si, les repartía condones como pendejo. Así estuve más de un año. En ese tiempo mi hijo cumplió 7 años, yo cumplí 26 y mi hermana se fue a trabajar a Cuernavaca con sus hijos. Javier se quedó solo en su rancho y casi no bajaba al pueblo.

También sucedió que el PRI perdió las elecciones y Celso y sus amigos poder. El presidente municipal, salió huyendo y algunos otros funcionarios también. Para acabarla de amolar, Celso comenzó a tener problemas de erección, me pasaba horas tratando de reanimarlo, se la mamaba, le bailaba, le chupaba el ano y nada. Busqué a la puta que me había enseñado a mamársela y se lo hicimos entre las dos varias veces y con trabajo se le paraba un ratito y nos echaba unas gotitas.

Me refugié en mi casa, me escondía de los hombres que sabían lo que hacía en el departamento de Celso y busqué otra vez trabajo. Conseguí un puesto de cajera en una tienda y me acoplé otra vez a una vida más tranquila, aunque Celso me mandaba buscar de vez en cuando para “atender a algunos de sus amigos”, pero ahora él me buscaba hombres de dinero, comerciantes, diputados, etc. Un diputado me llevó una vez a una despedida de soltero en el DF, me compró un uniforme de estudiante de secundaria y me vistió de colegiala. Me llevó a un departamento donde hicieron una orgía conmigo varios hombres durante dos días. En otra ocasión me llevaron a Acapulco con unos negros que querían una experiencia con una mexicana. Fue increíble sentirme como muñequita en manos de unos hombrezotes que me dejaron adolorida durante una semana, no me podía caminar ni levantar, no podía hablar bien y mi vagina estaba tan irritada y adolorida que al principio creí que tenía otro problema. Tengo que aceptar que Celso me regentea como prostituta a su antojo y yo estoy ya muy desquiciada.

Para mi mala suerte el día que mi hijo cumplió once años, yo ya tenía 30 años, regresó Eduardo. No pude negarme a recibirlo, tenía vacaciones y el cabrón se las vino a pasar conmigo. Obviamente me montó todo el tiempo hasta que se sació y se fue una noche a los congales, lo golpearon y así como llegó, a los 15 días se regresó y hasta ahora no lo he vuelto a ver.

Ahora estoy confundida y me siento sola, quiero buscar a Javier, lo ansío, se que podría hasta tenerlo sólo para mi aunque mi rival sea mi hermana, pero ha pasado tiempo y no se si me acepta. También se que Celso me puede seguir ayudando aunque sea consiguiéndome hombres para satisfacerme y tener otros ingresos, esto me gustaría pero se que me puede llevar a nuevas experiencias inimaginables. Por otro lado, mi jefe me ha estado insinuando que me acueste con él y eso me ayudaría a conservar mi empleo, que por acá son difíciles de conseguir. Me gustaría saber que haría alguien en mi lugar.

Autora: Aidabella

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Escrito por co1461.ru

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3 Comentarios

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  1. Desgraciadamente tal parece que la vida a veces te conduce por caminos que no quieres caminar, tal parece que nuestro destino
    ya esta marcado.
    De cualquier manera, animo y sigue adelante.

  2. HOLA MUJER PS QUE MAL TE HA IDO PERO A FINAL DE CUENTAS FUE EL CAMINO QUE ELEGISTE AUNQUE COMO EN TODO EXESO SIEMPRE HAY UN MAL FINAL…LA VIDA MILITAR ES ASI LLENA DE COCHINADAS EN LOS ALTOS MANDOS TE DEJO MI CORREO Y MSN POR SI UN DIA QUIERES CONVERSAR…. [correos NO permitidos en comentarios – eliminado por la administración R.M.]

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