MI COMADRE


Cuando me casé con mi mujer, su hermano diez años mayor que nosotros, ya estaba casado con Gladis, una mujer estupenda cinco años mayor que él, con la que empezamos a ser muy amigos. Siempre salíamos los cuatro, a fiestas, cenas, al cine, de vacaciones, etc. Éramos muy unidos y muy amigos. Incluso fuimos compadres. Mi cuñado en un fatal accidente falleció y mi comadre quedó viuda a los 55 años, se unió más a nosotros, y como vivíamos en el mismo edificio, nos veíamos a diario, incluso teníamos llaves de los apartamentos. A poco, y con sus hijos grandes, mi comadre empezó a trabajar, cuidando a unos viejitos de lunes a viernes. Los fines de semana nos veíamos casi siempre.

Uno de los días de la semana, que fui a su apartamento a regarle unas plantas y revisar que todo estuviera en orden, como siempre lo hacía, me encontré con algunas prendas interiores de ella sobre su cama, dejadas descuidadamente. Las tomé, eran unas bragas usadas, aspiré su olor y me calenté, tomé las otras y pasó lo mismo. Mi verga se empezó a parar. La verdad es que mi comadre siempre me ha calentado, ella es bajita un poco gordita, rubia de rostro agradable y muy simpática. Su orgullo son sus bellas piernas y su hermoso trasero que luce sabiendo que lo tiene muy rico, levantadito y de nalgas redonditas y sobresalientes. De cintura no tan delgada, tiene un juego de tetas bastante desarrolladas para su cuerpo, muy ricas y siempre se queja de ello en broma. «Pudiera tener las tetas un poco más chicas» decía riendo. Yo le decía que si estaba loca, que eran muy ricas. Ella se daba cuenta que a mí me gustaba, pero nunca dijimos nada al respecto, a pesar que cuando podía, yo alargaba mis abrazos y besos en la mejilla al saludarla. Bueno ese día con sus bragas tomé mi verga y me hice una rica paja a su salud… dejé algo manchadas las bragas con mi leche y las puse donde estaban.

Después de esto me hice adicto a sus bragas y sujetadores, vez que podía iba a su apartamento y tomaba sus bragas desde su closet y jugaba con ellas, calentándome al máximo… me las imaginaba puestas en su rico trasero y cubriéndole su exquisita panochita… Lo mismo con sus grandes sujetadores, que cubrían esas tetas tan ricas. Ella no se daba cuenta, supongo, y seguíamos muy amigos. Incluso, a veces la llamaba por teléfono a su trabajo, cosa que nunca contamos a nadie. Era nuestro secreto, conversábamos cualquier tontera, nada comprometedor, pero que nos distraía bastante y nos convertimos en confidentes. La relación con mi esposa siempre era muy buena.

Un viernes, en que mi esposa tenía una comida con sus compañeras de oficina, puras mujeres, me pidió que la fuera a buscar cuando ella me llamara de su celular. Me fui a casa y me puse a ver televisión. Como a las 8 sentí la puerta. Era mi comadre que llegaba de su trabajo, como siempre pasaba por nuestro apartamento antes de irse al suyo y a veces tomaba once con nosotros.

-Hola compadre –me saludó alegremente con un beso en la mejilla- ¿está solito? -Hola comadre –respondí con otro beso más largo- si, Sonia fue a una comida con sus compañeras.

-¿Y no ha tomado once? –me preguntó -No –le respondí- podría tomar conmigo comadre.

-¡Encantada compadre! –Respondió entusiasmada- voy a dejar el bolso y a cambiarme y vuelvo enseguida. Ponga el agua mientras tanto –y salió hacia su apartamento.

Puse el hervidor para calentar el agua para el té y preparé las tazas. A los pocos minutos volvió mi comadre. Como tiene llave, entró. La quedé mirando sorprendido. Venía con una mini falda muy cortita de jeans, luciendo sus bellas piernas con tacones y una blusa blanca bastante amplia. Su cabello largo rubio lo había soltado y se veía muy sensual, a sus 56 años..

-¿Y esa falda, comadre? –le pregunté sorprendido- no se la conocía.

-¿Le gusta, compadre? –me preguntó a la vez y se dio una vuelta sobre sí misma, como modelando- no me la pongo nunca porque la encuentro muy corta, pero creo que esta es la ocasión… ¿no cree? –dej

ó la frase en el aire… no entendí bien el sentido, pero ella alegremente entró a la cocina y se puso a preparar la once. Yo me paré en la puerta a observarla mientras conversábamos. Le miraba su silueta y su gran trasero sobresaliente me entusiasmaba.

La cocina es angosta, no tanto, pero para pasar hacia el refrigerador debía hacerlo por detrás suyo, exageré un poco y al pasar la tomé por la cintura y pegué mi bulto a sus nalgas. Fueron sólo segundos, pero ella se quedó quieta sin hacer ni decir nada. Cuando regresé, hice lo mismo, pero me quedé más tiempo pegado a ella, tomándola esta vez de sus anchas caderas. Ella no hizo nada, al contrario, echó su cuerpo hacia atrás pegándose más a mí y volvió su cara mirándome con sus grandes ojos verdes, lo que yo aproveché para besarle el cuello. Subí mis manos y toqué sus senos…grandes y redondos, pero firmes y suaves… ¡estaba sin sostén..! Ella se volvió, nos abrazamos sin decir nada y nos besamos apasionadamente. Yo subí su blusa y acaricié sus grandes senos desnudos, provocándole algunos gemidos a ella. Acaricié sus pezones que habían crecido y endurecido. Bajé mis manos y le acaricié sus nalgas sobre la falda, esas grandes nalgas que hacía tantos años me provocaban erecciones de solo mirárselas, eran duras y firmes.

-No me diga que tampoco se puso bragas -.le comenté al notar que no sentía nada bajo la falda. -¿Qué cree usted? -me respondió sonriendo.

Levanté el ruedo de la falda y me encontré con esas deliciosas nalgas desnudas, las acaricié y continuamos besándonos. Poco a poco fui bajando los besos y con mi boca lamí y chupé sus ricos pezones, largos y durísimos, acariciando sus grandes ubres que no cabían en mis manos. Ella gemía y se apretaba a mí, fui bajando y arrodillándome besé y lamí sus bellos muslos, suaves, blancos y de una firmeza especial… continué hacia arriba y besé y lamí sobre sus vellos abundantes esa panocha que nunca imaginé a mi disposición…Ella abrió más sus piernas… la lamí e introduje mi lengua, dispuesto a hacerle la mejor comida que pudiera… ella lo merecía. Chupé desesperado, ella estaba muy mojada y movía lentamente sus caderas al vaivén de mi lengua, encontré su clítoris y ella lanzó un gemido y un gritito sofocado cuando se sintió atacada en su parte más sensible. Intensificó sus movimientos y sus jadeos y a los breves minutos comenzó a mojarse abundantemente de jugos que yo tragué golosamente, mientras ella se retorcía y alcanzaba su primer orgasmo.

Me levanté y ella con la respiración entrecortada me abrazó y besó desesperada en la boca, degustando sus jugos de mi lengua. La abracé y la conduje al dormitorio, allí le saqué la blusa dejando sus grandes senos desnudos. No se quiso quitar la falda y así se sentó para que yo me quitara el pantalón. Cuando quedé sin ellos, tomó mi verga y la acarició suavemente con sus manitas acariciándola de arriba abajo por unos momentos, provocando en mí una serie de sensaciones ricas… tímidamente le dio un par de besos diciéndome.

-Yo no sé muy bien chuparla, pero haré lo que pueda… ¡tengo muchos deseos de comérmela! –y la llevó a su boca, me hizo una mamada espectacular… parece que era mentira que no sabía, pues se portó como una reina, la lamía como un helado y la metía a su boca, dándole apretones con sus labios y no la soltó hasta que entre gemidos de mi parte y suspiros de ella, logró hacerme acabar y llené su boca de leche caliente, salpicándola, ella tosió, se atragantó un poco, pero no le hizo ningún asco y tragó lo que más pudo.

No hablábamos nada, sólo nos mirábamos y sonreíamos.

-Comadre –le dije al fin- tanto tiempo que me gusta y que deseaba tenerla así.

-Yo también –respondió- me hacía mucha falta tener sexo y aunque intenté con muchos durante estos últimos años, nunca logré lo que ahora conseguí… me costó mucho decidirme…

Nos acostamos, ella acariciaba mi verga y yo le sobaba su panochita, calentándonos rápidamente de nuevo, ella estaba muy mojada, entonces se subió sobre mí y se preparó para introduc&iacute

;rselo ella misma… lo puso en la entrada, lo sobó un poco sobre sus labios con los ojos cerrados y gimiendo, de pronto se detuvo y apuntando hacia la entrada de su almeja se sentó sobre la pija introduciéndosela poco a poco y con un grito de dolor y triunfo se ensartó y comenzó una cabalgata desenfrenada, gemía, lloraba, se quejaba y saltaba ensartada en el duro palo que sentía casi hasta la garganta. Movía la cabeza para todos lados como loquita, siempre dando pequeños grititos y gemidos, mientras sus grandes tetas se bamboleaban para los lados en un espectáculo realmente calentador. A mí me tenía caliente al máximo… hubiera querido que ese momento durara toda una eternidad… atrapaba esas ricas tetas con mi boca y chupaba esos pezones con fruición… era tan rico estar follando a esa mujer tan rica y deseada por mí por tanto tiempo… nunca me lo esperé… era como estar soñando…

A los pocos minutos ella intensificó los movimientos, lanzó más grititos y de pronto quedó ensartada como esperando… en ese mismo momento me envaré y me vino el orgasmo más intenso de mucho tiempo y empujé hacia arriba, acabando los dos simultáneamente entre grititos, gemidos y suspiros… Estábamos bañados en sudor y con una cara de felicidad enorme. Ella se dejó caer sobre mí abrazándome y besándome frenéticamente por largos minutos, sin salirse de su postura.

Luego, nos levantamos y tomamos una ducha juntos, donde nuevamente yo le comí su concha, haciéndola acabar por dos veces más, entre gemidos de ella. Se vistió y salimos al salón.

-Creo que mejor no tomamos once, la verdad es que si sigo aquí me voy a delatar. Mejor me voy y mañana nos vemos cuando esté mi comadre. –se dirigió a la puerta y dándome un beso fuerte en la boca se despidió –Chao compadre, será nuestro secreto…Hasta mañana.

Me quedé solo, me tomé una cerveza y quedé pensando en lo ocurrido y no podía creerlo… Había estado con la mujer que durante mucho tiempo desee y que nunca imaginé poseer.

Mi señora me llamó como a las dos horas después para que la fuera a buscar. Venía muy contenta, traje un par de compañeras en el auto las pasamos a dejar y en la casa me contó como había estado la comida. Nuestra vida continuó igual. Al día siguiente, mi comadre fue a nuestro apartamento, vestida con jeans muy ajustados y remera, como siempre, muy formal como si nada hubiera pasado. Ha pasado algún tiempo y no se ha vuelto a repetir, quizás por temor de ambos. Seguimos siendo muy buenos amigos los tres con ella y mi mujer.

Pepe.

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Autor: Pepe pepe9969 (arroba) starmedia.com

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