Macho rústico – intro (si interesa, sigo contando)


macho rustico

En el metro porteño (subte) lo veo sentado frente a mí. Estábamos solos en el vagón. Último tren de un sábado a la noche. Él estaba ebrio o drogado, fuera de sí. Jadeaba como un animal, transpiraba, gemía, se dormía de a ratos. Muy corpulento y velludo, un tanto descuidado en su aspecto personal. Barba castaña muy tupida, unos 33 años, ojos color avellana, con las pupilas bien dilatadas, pelo corto pero descuidado. Labios carnosos, muy secos. Cuerpo de macho rústico, no de gimnasio. Era alto, cerca de 1 metro noventa. Muy ancho y con contextura física robusta. Tenía aliento a vino, manchas blancuzcas en el pantalón bermudas, dificultad para conciliar la vigilia. Estaba sacado y era hetero!

Le lanzo mirada lujuriosa y el flaco me mira con desdén. Lo sigo mirando y gesticula con desprecio. Lo miro fijo y se toca las pelotas. Lo sigo mirando y se saca al toque la remera. Descubre su torso enorme de macho y me dice: «puto miserable: mirá lo que soy», mientras contrae los musculos del brazo . Por mi parte, no necesitaba muchas más pistas. Me percaté de que era una oportunidad. Me senté junto a él y le toque el pecho velludo. Cerró el puño y asestó un golpe rápido en mi abdomen. «Salí puto». Tuve la intuición de que podía conseguir algo de su parte si interpelaba su sadismo. «Me banco todo el dolor que haga falta», le dije.

El macho estaba lento, aletargado. Le dije: «me alcanza con que me cagues a palos y te llamo una puta para descargar si no te gusto». El subte paró en Malabia. El flaco me tomó del cuello firmemente y me dijo «abrí la boca». La abrí. Me escupió dentro. Luego se puso la remera, me tomó del pelo con una hermosa violencia de macho y me llevó junto con él. «A dónde vamos», le dije. «Por ahora, al baño. Tengo ganas de mear». Entramos al lugubre baño de la estación. Sacó un papel de merca del bolsillo y lo aspiró. Se volvió a sacar la remera. «Arrodillate puto», me dijo. Lo hice al instante, son dudarlo ni un segundo. Sacó a relucir su miembro, un pene importante de no menos de 15 cm pero que aun no estaba erecto. «Quedate quieto», me dijo.

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Escrito por machopajeroalpalo

Soy un puto misógino y machista que adora a los hombres heterosexuales con pelotas de toro, que saben cumplir su rol dominante. No tengo dudas en reconocer la supremacía de esos tipos en el mundo de lo humano y su derecho a ejercer violencia.
Creo que un puto solo es integro cuando acepta toda la carga de su condición, se arroddilla en gesto de sumisión y sirve a un verdadero macho hetero. Esa es mi convicción. El macho hetero en general ni nos registra como parte de su mundo. Pero los alfa más agresivos gozan de ejercer su supremacía y es ahí donde se abre la ventana de oportunidad: el homosexual puede ofrecerse en holocausto para la gloria de los machos alfa.
En el dolor, nos encontramos a nosotros mismos y sabemos reconocer que solo los machos hacen girar la rueda del mundo. El dolor debe ser intenso porque cuando un macho nos castiga, acumula poder. Y es con ese poder que puede cambiar el mundo. Es por eso que los homosexuales tenemos que poner el lomo y bancar la que se venga, sin chistar.
Personalmente, tengo claro que la muerte a manos de un macho sería lo mejor que me podría pasar y rezo cada dia para que eso pase. Los putos debemos estar a los pies de esos hombres con todas las letras. Los hombres no dudan, hablan poco y más allá de los músculos, la inteligencia, y el vello corporal, llevan pelotas cargadas de vida para reproducir la especie y tienen testosterona para meter puño cuando las razones no alcanzan. A los pies de ellos estoy,
Cuanto más grande sea el martirio de los homosexuales, más grande será la gloria del hombre. Aceptemos su supremacia y pongamonos a sus pies, como corresponde.

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