La mujer de la ventana


mujer ventana

Sin decir nada más me montó, mi polla entró sin dificultad alguna y noté su coño jugoso, empapado, caliente mientras mi polla se hundía en su interior. Subía y bajaba, el ritmo era frenético, yo veía sus pechos saltar delante de mí mientras cerraba los ojos y echaba la cabeza hacia atrás. Me estaba cabalgando de una forma brutal, sin concesiones, me arañaba el pecho, jadeaba, gemía.

Era ya de noche cuando llegué de la piscina, no me apetecía mucho, pero decidí darme una ducha notaba el cloro en la piel y tampoco me había apetecido ducharme en la piscina. Me di una ducha larga y caliente que me relajó, cuando fui a abrir la ventana para dejar salir el vapor no pude evitar mirar hacia la única ventana del patio con luz. Era la del tercero, un piso por debajo y justo opuesta a la mía. Sabía que alguien se había mudado hace poco por el trasiego y camión de mudanzas que vi un día.

Lo que se recortada en el marco de la ventana iluminada me dejó sin palabras. Una mujer desnuda se deslizaba sobre el cuerpo de un hombre. Era una mujer que parecía alta, de formas redondeadas, con muslos fuertes y pelo castaño ondulado. El patio no era muy grande y de perfil podía apreciar unos pechos grandes redondeados con los pezones totalmente erectos. El hombre estaba atado al cabecero de forja roja de la cama, con los brazos en cruz y el  pene totalmente erecto como pude apreciar cuando ella se sentó sobre su pecho.

Se fue deslizando lentamente hasta quedar sentada sobre su cara, comenzó a mover sus caderas mientras se acariciaba los pechos y pellizcaba sus pezones tirando de ellos con fuerza. Hasta mi llegaron sus gemidos. No podía apartar la vista y noté como yo también comenzaba a tener una erección, solté el cinturón de mi albornoz y sin retirar la vista comencé a masturbarme ante el espectáculo de aquella mujer gozando, disfrutando el hombre totalmente a su merced. Sus caderas se movían a un rito enloquecido hasta que un grito más fuerte que los anteriores llegó a mí y ella quedó inmóvil.

Lentamente se retiró tumbándose junto al hombre, le besó la boca y su mano bajó por el pecho de el hasta el pene que comenzó a acariciar con cuidado, mi mano imitó sus movimientos, acelerándolos cuando ella lo hacía, acariciándome los testículos cuando su mano lo hacía… despacio su boca bajó por el pecho hasta llegar a su vientre, estaba de rodillas a su lado y mi vista del espectáculo era perfecta. La polla fue despareciendo en su boca, entre sus labios, ahora era el hombre quien gemía, la cabeza de ella comenzó a subir y bajar más rápidamente. Yo ya estaba totalmente cachondo, con la polla dura y masturbándome sin parar de mirar.

Se me escapó un gemido y ella levantó la cabeza, me retiré de la ventana, me había visto, apoyé la espalda en la pared, inmóvil esperando el sonido de la ventana al cerrarse, de la persiana que se bajaba. Pero lo que oí pocos minutos después fueron gemidos y jadeos, lentamente volví a asomarme por el borde la ventana. No me había visto. Ahora ella estaba cabalgando como una posesa sobre su amante que se retorcía bajo su cuerpo, los gemidos de ambos eran perfectamente audibles, mi polla recuperó en un instante la dureza que había perdido y volví a masturbarme. Terminamos los tres casi a la vez, él arqueó su espalda, ella se desplomó sobre él y yo eyaculé contra la pared. Luego lentamente me retiré, cerré la ventana y me limpié sin atreverme a encender la luz.

Durante varios días intenté controlar el piso, pero lo único que pude deducir era que el inquilino o inquilina tenía unos horarios similares a los míos, veía luz a través de las cortinas a horas parecidas a las de mi llegada a casa. Poco a poco fui olvidando el incidente.

Un día cuando salía de casa después de comer, el ascensor paró en el tercero, se abrió la puerta y entró la mujer de la ventana. Todas aquellas imágenes que tanto me excitaron volvieron de golpe a mi mente.

-Buenos días -dijo ella.  -Buenos días. -¿Vives aquí? – preguntó. Asentí. –Me llamo Cristina, me acabo de mudar, vivo en el 3ºC. -Encantado, soy Luis, 4ºA. Si necesitas algo ya sabes donde encontrarme. Bienvenida al edificio – dije mientras salíamos del ascensor. -Gracias, si necesito alto te aviso, no tendré ni que salir de casa, el patio es tan pequeño que me oirás llamarte – dijo al desaparecer por la puerta de portal.

Me quedé mudo de la sorpresa ¿me vio?, pensé que quizás solo fuera una coincidencia, una frase casual, pero la sensación me provocó entre vergüenza y excitación. Los días siguientes volví al seguimiento de su ventana. Seguía con las cortinas echadas la mayor parte del tiempo y no volví a verla.

Un viernes que no salí cuando me estaba lavando los dientes preparándome para ir a la cama vi el resplandor de su ventana. Me asomé. Ella estaba de espaldas, desnudándose. Tuve un primer plano de su culo mientras deslizaba por sus caderas una falda de tubo, llevaba un culote verde con encaje que dejaba la mitad de sus nalgas al descubierto, cuando se quitó la blusa vi que el sujetador iba a juego. Se lo quitó, lo lanzó sobre la cama y se sentó sobre la cama en mi dirección, con la cabeza gacha y el pelo sobre el rostro. Se dejó caer en la cama hacia atrás. Sus manos comenzaron a recorrer su cuerpo, se acarició los pechos, el vientre, pasó la mano por su pubis, cerrando los muslos.

Despacio sus dedos se introdujeron bajo la ropa interior, mientras la otra mano seguía deslizándose por todo su cuerpo. Veía el bulto de su mano dentro de su culote, moviéndose. No podía creer lo que estaba viendo, una mujer hermosa se masturbaba a pocos metros delante de mí. Una vez más noté la erección que comenzaba a crecer bajo mi bóxer. Ella aceleró el ritmo y cuando pensé que por la forma de mover sus caderas tendría su orgasmo, retiró su mano, se quitó la prenda sin incorporarse y su mano se deslizó bajo la almohada.

Cuando apareció llevaba un vibrador de color negro. Lo pasó entre los labios de su coñito, ahora totalmente visible y lentamente desapareció en su interior. Yo estaba increíblemente excitado, no podía dejar de mirar, de masturbarme. Tenía las piernas totalmente abiertas y podía ver como el consolador entraba y salía una y otra vez, con la mano libre giró la rueda de la base de esa polla negra de plástico y sus jadeos aumentaron su frecuencia. Yo estaba a punto de correrme y de nuevo casi lo hicimos al unísono.

Su cuerpo se estremeció y lentamente retiró el vibrador de su coño, lo acercó a su boca y lamió la punta. Yo estaba paralizado, de nuevo había tenido el privilegió de ver disfrutar a esa mujer y no podía creerlo. Ella se incorporó lentamente, se acercó a la ventana y antes de cerrar las hojas levantó la cabeza directamente hacia mi ventana y sonrió antes de cerrarlas. Esta vez no pude ni esconderme. Pasé media noche en blanco pensando en esa última mirada y al recordarlo volví a excitarme y tuve que masturbarme de nuevo para conciliar el sueño. Al día siguiente bajé andando, no sabría que decirle si me la encontraba de nuevo en el ascensor.

Por la tarde ella seguía ocupando mis pensamientos, de vez en cuando me acercaba a la ventana, pero la suya seguía cerrada. Una de las veces que fui la vi abierta y ella estaba allí. Tumbada desnuda en la cama, sin hacer nada, recorrí su cuerpo con la vista lentamente, deleitándome. Volvía a estar excitado, nervioso. Decidí vestirme y bajar a su piso, por el camino pensé la excusa de avisarle de la reunión de vecinos que había la próxima semana, era estúpido, el papel de la convocatoria llevaba 15 días expuesto en el portal, pero no se me ocurrió nada mejor. Cuando llegué a su puerta y fui a llamar comprobé que solo estaba entornada, la empujé.

-Hola – dije en voz alta.

Nadie respondió, así que me interné en el pasillo, la distribución del piso era idéntica al mío, así que me dirigí al dormitorio. Ella estaba allí, de pie, contra la ventana. Llevaba una bata roja y la luz hacía que se dibujara la forma de sus piernas.

-Has tardado – dijo – ¿O creías que ibas a estar siempre de voyeur? – preguntó con una risa. -Venía por lo de la reunión – balbuceé. -Vienes porque estás cachondo, pero no pasa nada, yo también – dijo en un tono cortante que luego bajó hasta casi un susurro

Se acercó a mí y sin mediar palabra comenzó a desnudarme. Yo intenté abrazarla y besarla, pero ella retiró la cara. Continúo desnudándome, acariciando mí pecho, cuando desabrochó y dejó caer mis pantalones, acarició mi polla que ya mostraba una erección obvia por encima de la ropa. Me condujo hasta la cama cogiéndome de la mano.

-¿Te gustó lo que viste el otro día? ¿Te gustó como me follé a ese tío? – preguntó. -Si… -Me alegro, porque hoy voy a follarte a ti – dijo mientras me tumbaba.

Sacó dos pañuelos del cajón de la mesilla y ató mis muñecas exactamente igual que había visto.

-¿Estás cómodo?  Y lo que viste ayer, ¿te gustó? -Mucho. -Estuve esperándote… ya que no viniste, al menos espero que te corrieras. -Lo hice, puedes creerme, eres difícil de resistir.

Cuando me tuvo atado se sentó a mi lado, su bata se abrió dejando ver sus mulos, en ese momento deseé no haberla dejado atarme, me moría de ganas te tocar esa piel. Pensé que había sido un error, no la conocía de nada y ahora estaba totalmente en sus manos.

-Ahora vuelvo –dijo

Me quedé esperando, pero casi al instante volvió, traía un vaso por el tintineo supuse que alguna bebida con hielo. Sacó un cubito del vaso y lo colocó entre sus labios, lo chupó y luego se inclinó sobre mí. Con el hielo en su boca recorrió mi cara, pasándolo por mis ojos, mi frente, mis labios… sentí el roce de sus labios y cuando intenté besarla de nuevo retiró su cara. El hielo siguió en su boca, bajando por mi cuello, por mi cuello, deteniéndose en mis pezones, el frío me estremeció, pero ella no se inmutó y continuó su recorrido.

Depositó el hielo en mi ombligo y contempló como se fundía sin pronunciar palabra, su lengua siguió el río que bajaba hasta mi cintura, el contraste entre su boca y el agua fría era un sensación increíble. Cogió otro hielo y repitió la operación, pero esta vez el hielo recorrió mi pene que a esas alturas ya estaba totalmente duro, me estremecí cuando sentí el frío sobre mi capullo y a continuación sus labios…

-Debes estar muy caliente… el hielo se ha fundido enseguida y sin esperar respuesta continuó – yo también lo estoy, ¿quieres verlo?

De nuevo ignoró si yo pensaba responder, su mano abrió su bata y desapreció… cuando salió sus dedos brillaban… los pasó por mi labio superior, me inundó su olor que me excitó más y más, luego los deslizó sobre mis labios y mi lengua, busqué las yemas de sus dedos… era un sabor picante, pero dulce, ella metió los dedos hasta el fondo de mi boca para que los saboreará. Con la otra mano terminó de desabrochar su bata.

Asomaron sus pechos, de cerca eran más bonitos, más deseables, sus pezones de color marrón oscuro estaban hinchados, se me hizo la boca agua. Volvió a inclinarse sobre mí, esta vez fueron sus pezones los que recorrieran mi cara… los notaba, cálidos, duros, intenté chuparlos, pero ella los retiró y siguió bajando por mi cuerpo, los sentía contra mi piel, bajando por mi estómago y cuando sentí mi polla entre sus pechos noté como una descarga eléctrica que me hizo levantar las caderas en un espasmo.

Repitió la misma operación, pero esta vez montándose a horcajadas sobre mí, el roce de la piel de sus muslos, notar el calor que emanaba de su entrepierna… se deslizó hasta mis rodillas… y volvió a subir. La sensación de su coño húmedo pasando sobre mi polla casi provocó que me corriera. Continúo por mi vientre, mi pecho…

-¿Lo quieres? – preguntó cuando tenía su pubis a centímetros de mi boca. -Si, lo quiero. -No se si lo mereces… -susurro.

A continuación se retiró volvió a bajar y repitió la operación…

– ¿Lo quieres? – preguntó una vez más cuando creí que por fin podría saborearla. – Si, lo deseo, por favor, dámelo, quiero comerte el coño – supliqué. – Sigues sin merecerlo… – y se retiró de nuevo.
– Zorra – Salió de mi boca en un susurro. – ¿Qué me has llamado? – preguntó bruscamente. – Nada
– Te he oído cabrón, ahora te has quedado sin mi coño – dijo mientras se retiraba – pero yo no pienso quedarme sin polla.

Sin decir nada más me montó, agarró mi polla con la mano y se dejó caer sobre ella, mi polla entró sin dificultad alguna y noté su coño jugoso, empapado, caliente mientras mi polla se hundía en su interior. Comenzó a moverse sin esperar más. Subía y bajaba, el ritmo era frenético, yo veía sus pechos saltar delante de mí mientras cerraba los ojos y echaba la cabeza hacia atrás. Me dolían las muñecas de tirar de los pañuelos. Me estaba cabalgando de una forma brutal, sin concesiones, me arañaba el pecho, jadeaba, gemía.

-Esto es lo que querías cuando te masturbabas mirándome, ¿verdad cabrón?- preguntó entre gemidos.
-Si, desde que vi como se la chupabas a ese tío – respondí.

Una sonrisa asomó a sus labios y reanudó su movimiento con más fuerza, de repente gritó, sentí contraerse los músculos de su vagina, su cuerpo se estremeció y se quedó inmóvil, se inclinó jadeante y su pelo rozó mi pecho. Se retiró y se tumbó a mi lado.

-¿Me vas a dejar así? – pregunté. -No mereces otra cosa, ya te has corrido bastante viendo como follaba.

Se inclinó sobre mí y sacó el tabaco de la mesilla, encendió un cigarro y volvió a tumbarse, fumaba despacio y cuando terminó cerró los ojos. Sentí su cuerpo junto a mí, como su respiración se tranquilizaba. No podía creerlo, estaba cachondo y a la vez furioso, pero no podía hacer nada. Mi erección fue desapareciendo lentamente cuando giré la cabeza y vi que tenía los ojos cerrados.

Un rato después se desperezó.

-¿Esto es todo lo que puedes darme? – preguntó mientras miraba mi polla flácida. -No me has dejado darte más – respondí enfadado.

Ella sonrió y se inclinó sobre mí, su mano bajó por mi vientre y comenzó a acariciar mi polla. Casi al instante recuperé la erección. Su mano subía y bajaba acariciando mis testículos y volviendo a subir. De nuevo se colocó sobre mí, comenzó a moverse, deslizándose sobre mi polla.

-Quiero más – susurró mirándome con ojos brillantes y con un movimiento de sus caderas volvió a introducir mi polla en su interior.

Esta vez fue más pausado, movía sus caderas en círculos lentamente, ahora era mi respiración la que se aceleraba, mi espalda se arqueaba.

-Fóllame joder – grité. -¿Te gusta eh cabrón?

Sin esperar más aumentó el ritmo, ahora jadeábamos los dos, se inclinó y me comió la boca, mordiéndome el labio la saliva resbalaba por nuestras barbillas.

-Me voy a correr – susurré.

Al instante ella se retiró.

-No me hagas esto otra vez. -¿Por qué no? – preguntó mientras se sentaba con las piernas cruzadas junto a mí. -Eres una zorra – grité furioso. -Y no sabes cuanto me gusta cabrón – respondió.

Continuó moviéndose y sentí nuevamente su orgasmo, esta vez más profundo y lento…

Se tumbó sobre mí, dejando su coño a pocos centímetros de mi cara no podía alcanzarlo con mi boca, pero sentí la suya lamiendo mi polla, sus labios rodeaban mi capullo, lo envolvían, su lengua frotaban la punta de mi polla haciéndome estremecer, se la tragó hasta el fondo, engulléndola, su saliva la lubricaba y su boca subía y bajaba sin parar. Cuando estaba a punto de correrme ella se retiró y comenzó a masturbarme con la mano hasta que sin poder contenerme eyaculé, ella movió su mano hasta que el semen dejó de brotar.

-Ahora no dirás que soy tan zorra ¿no?, al menos te has corrido. -Sigues siendo una zorra – respondí con una carcajada.

Ella también rió y desató mis muñecas que estaban doloridas y marcadas de la tensión. Unos minutos después fui yo quien se inclinó sobre ella que seguía tumbada boca abajo.

-No pensarás que voy a quedarme así ¿no? – pregunté mientras besaba su espalda. -¿Así? – devolvió mi pregunta. -Cachondo.

Me tumbé sobre ella y besé su nuca, su espalda mientras bajaba siguiendo la línea de su columna. Agarré sus caderas con mis manos y las acaricié mientras recorría sus nalgas con mis manos. Coloqué una almohada bajo su vientre y su coñito quedó frente a mí, esta vez sin que nada me mantuviera alejado de él. Lo lamí y por primera vez pude saborearlo, ella respondió con un suspiro cuando mi lengua subió desde su coño hasta su culito.  La punta de mi lengua la recorría sin cesar y su coño me devolvía cada vez más flujos que yo devoraba con avidez. Su mano apareció por debajo de su vientre y comenzó a acariciarse el clítoris.

-No – ahora me toca a mí, voy a ver lo zorra que eres de verdad – dije dando un azote en su culo.

Retiré su mano, tirando del brazo y acto seguido fue mi mano la que acarició su coño, los dedos se restregaban contra sus labios mientras mi pulgar acariciaba su culo. De vez en cuando dejaba caer algo de mi saliva y daba un lametazo para recogerla mezclada con sus flujos. Introduje un dedo en su coño y casi seguido un segundo, su única reacción fue separar más sus muslos.

-Mmmm desde luego eres una zorra – dije. Y sin pensarlo introduje un tercer dedo.

Ella no se inmutó y comencé a follarla con ellos, cada vez más rápido y más profundo, me fijé en como su manos se agarraban a los bordes del colchón apretando fuerte mientras jadeaba.

-Más, dame más – gemía. -Sabía que eras una zorra y ahora vas a ser mía – le dije mientras con la mano libre le propiné un fuerte azote.

En ese momento se tensaron los músculos de su vagina y supe que iba a correrse, apenas llevaba un par de minutos con mis dedos en su coño y ya chorreaba y se retorcía de placer. Repetí el azote y en ese mismo instante se corrió. Mi mano permaneció dentro de ella mientras terminaba de gritar y gemir, mientras las convulsiones de su coño iban bajando de intensidad. Poco después quiso darse la vuelta, pero no se lo permití.

-He dicho que ahora me tocaba a mí…

Retiré los dedos de su coño y sus flujos acumulados resbalaron por sus ingles, me incliné y comencé a lamerlos mientras acercaba mi mano a su boca. Mis dedos pringados, empapados en ella no tardaron en desaparecer en su boca. Me excitaba sobre manera sentir su lengua recorriendo mis dedos mientras mi lengua buceaba en su coño, ahora totalmente abierto. Lamí hasta llegar a su culo y cuando sintió mi lengua, un ronroneó surgió del fondo de su garganta.

-Mmmm, parece que también quieres ser mi puta – le dije. -Seré lo que tú quieras – fue su respuesta.

Saqué los dedos de su boca y los llevé a sus nalgas, la acaricié extendiendo sus flujos, su saliva y la mía alrededor de su culo mientras mi lengua volvía a bajar y desaparecer en su interior. Mi dedo índice presionó y su culito cedió para mi sorpresa.

-¿Creo que no es la primera vez verdad? – pregunté. -¿Sería una buena puta si lo fuera? – fue su respuesta.

La hubiera follado sin pensar en ese mismo momento. Mi polla estaba muy dura y solo pensaba en como sería tenerla dentro de su culo. Mi dedo ya entraba y salía con facilidad y su ronroneó ahora era un gemido constante. Escupí sobre mi dedo para lubricar aún más su culo y decidí usar otro… esta vez me costó un poco más, pero desde luego no fue difícil. Ella ya movía sus caderas al mismo ritmo de mis dedos mientras frotaba su pubis contra la almohada, sus flujos no dejaban de inundar mi boca y ya habían mojado las sábanas. Cuando esos dos dedos entraban y salían con facilidad supe que era el momento. Me coloqué sobre ella. Mi polla apoyada entre sus nalgas deslizándose lentamente arriba y abajo.

-Vamos, fóllame – ordenó.

Sin hacerme de rogar y en un solo movimiento metí mi polla hasta el fondo de su coño. De nuevo gimió y se retorció.

-El culo, cabrón, fóllame el culo – gritó esta vez. -Te follaré como y cuando quiera, para eso eres mi puta.

Saqué el pene totalmente mojado, más que penetrarla había resbalado en su interior.  Estaba deseando follarla, deseando hacer que gritará más fuerte, más alto, hacerla mía y dominarla. Pero volví a repetir el juego… mi polla de nuevo se deslizó entre sus nalgas… y una vez más terminó llenando su coño.

-Folla el culo de tu puta, reviéntame con tu polla, enséñame lo guarro que eres – dijo está vez en un tono menos autoritario.

Ahora si… mi polla se colocó en la entrada de su culo y comencé a penetrarla, lentamente mientras gemía y me insultaba.

-Así cabrón, dale polla a tu puta.

Sentía su culo abriéndose a medida que iba presionando, como mi polla iba siendo tragada por ese culo hambriento hasta que mis testículos se aplastaron contra sus nalgas.

-¿Esto es lo que querías no? Ser mi putita, tener mi polla en tu culo – le susurré. -Si, seré tu puta, así que fóllame como lo que soy – fue su respuesta.

La saqué casi del todo y en un solo movimiento volví a hundirla en su interior, esta vez su grito fue más fuerte.

-Hijo puta – jadeó. -Zorra – le respondí.

Continué entrando y saliendo de su culo más lentamente, estaba disfrutando de una mujer totalmente entregada a sentir placer, sus movimientos, sus palabras, todo su cuerpo lo demostraban. Aumenté el ritmo y eso la desató. Me insultaba, gritaba con fuerza, jadeaba sin aliento y a cada uno de mis azotes y mordiscos en el cuello respondía con un “vamos fóllame cabrón”, que no hacía más que aumentar mi excitación. Paré sin previo aviso.

-No pares ahora, fóllame, soy tu puta, me lo merezco. -Si, lo eres y te follaré, pero quiero que tú misma veas lo puta que puedes ser.

Me senté a los pies de la cama.

-Ven – le ordené.

Frente a la cama había un armario, con un espejo de cuerpo entero en la puerta central. Se paró frente a mí y mi mano subió entre sus muslos, estaba sudada, húmeda y cuando llegué a su coño flexionó sus rodillas y mis dedos desaparecieron en su interior. Con una palmada en su cadera le hice darse la vuelta. Ahora tenía su culo frente a mí, abierto y deseando estar lleno otra vez. Di un lametazo que la hizo estremecer.

-Ahora vas a ver tu cara de puta cuando te follo – le dije.

Agarré sus caderas y la acerque a mí. Mi polla rozó su coño, pero siguió en dirección a su culo.

-Mírate. Mira como entra mi polla.

Se dejó caer lentamente y mi polla entró de nuevo sin ninguna dificultad. Me recosté y la hice colocarse en cuclillas con los pies a mis costados y con un nuevo azote comenzó a subir y bajar. Girando mi cabeza podía verla reflejada en el espejo, su cara, su cuerpo… mi polla entrando y saliendo lentamente.

-¿Ves tu cara de puta?, ¿ves como te follo?  -Si – apenas pudo susurrar. -Pero no creo que sea bastante para una zorra como tú. Usa tus dedos.

Me entendió a la perfección y su mano se dirigió a su coño, pude ver su clítoris, hinchado asomando entre sus labios y como comenzaba a frotárselo, primero suavemente y cada vez más fuerte según iba aumentando la cadencia de sus movimientos.

-Más – ordené. Y de nuevo no tuve que dar más explicaciones, dos de sus dedos desaparecieron en su interior.

Comenzó a masturbarse como una posesa mientras subía y bajaba, a la vez que saltaba sobre mi polla haciendo que mi polla entrará y saliera sin ninguna dificultad de su culo.

-¿Te gusta verte verdad?  -Si, me gusta verme tan puta y que tú seas tan cabrón.

Cuando oí eso di un azote fuerte en su nalga derecha.

-Pues vamos zorra, deja de hablar, voy a correrme en tu culo.

Eso pareció darle alas y comenzó a convulsionarse, subía y bajaba, sus dedos entraban y salían y yo no sabía cuando más iba a aguantar sin correrme.

-Dame tu leche cabrón, quiero que nos corramos a la vez – dijo. -Si, toda mi leche… para el culo de mi puta.

Sus jadeos y sus gritos subieron de tono y casi en ese instante sentí como se avecinaba mi corrida. Un grito ahogado salió de mi garganta en el momento en que eyaculé, ella lo sintió y su respuesta fue igual de intensa. Un gemido largo y profundo llenó la habitación, mezclándose con el mío mientras teníamos un orgasmo. Se levantó y vi mi semen salir de su culo y a continuación se desplomó sobre mí.

-¿No es mejor así que mirando por la ventana? – dijo en voz baja mientras se acurrucaba entre mi brazo y mi pecho.

Solo recuerdo que nos quedamos dormidos…

Agradeceré vuestros comentarios.

Autor: carlos.gonzal

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