El hijo del jardinero III – Control y Sumisión


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Disfruta aqui de la segunda parte de «El Hijo del Jardinero»

Ahora iré a preguntarle a mi hermano por qué hizo todas esas cosas contigo. Deseame suerte…

Y así dejé al apenado Juanchito, quien me sorprendió con cada palabra tan nueva para mi vocabulario y tan extensas como para que mi corta edad las procesara en su totalidad, y con un miedo gigante me dirigí al cuarto de juegos donde de seguro estaba Julián practicando sus tiros de billar. Efectivamente lo encontré con el palo en la mano, así que trataré de no ser tan imprudente.

Yo: hermano, ¿podemos hablar? Estaba arriesgando mi vida si tan sólo osaba a que mi platica pareciera una amenaza, aunque de cierto modo lo sería, las ganas y necesidad de conocer los detalles del morboso acto comenzaban a apoderarse de mí.

Julián: ¿Qué quieres enano? Me dijo sin titubeos y sin verme a la cara, como siempre ignorándome -mi hermano siempre ignora a la gente cuando se siente culpable- No supe como abordarlo, en ese momento se paralizó todo, y lo observo sentarse sobre la gran mesa verde, abriendo sus piernas y cruzando sus brazos al pecho como esperando que le pregunte.

La timidez me ganó, y sólo balbuceaba y esquivaba mis miradas, era evidente que me generaba miedo, pero ahora aparecía otro sentimiento, pasó de ser temor a sentir una especie de atracción, una atracción que estaba mal, pero no podía evitar…

Julián: ¿qué quieres saber?… Bueno yo sé lo que tú quieres saber y te lo voy a contar, pero eso sí, entre tu y yo… Acercate… Su firmeza y ligereza para confiarme su depravación me generó confianza, y paso a paso dejé andar un pié y el otro hasta las piernas abiertas de mi hermano. Con ellas me apretó por un instante y me tomó con sus poderosos brazos y me cargó hasta sus muslos…

Julián: es verdad que Juanchito y yo estábamos haciendo cosas de grandes cuando nos vistes, y tú sabes que esas cosas no se hacen, así que no quiero que le digas nada a papá y a mamá, ¿ok?, No se pueden enterar, nadie, nadie, nunca, no lo debes decir o tendremos problemas.

De cierto modo aún cuando me tenía abrazado y entre sus peludas y largas piernas no dejaban de ser amenazas aquellas palabras; pero ya no me importaba tanto, ya no lo veía como antes, como el hombre malo que quería hacer las veces de mi padre y me trataba mal hasta el punto de querer pegarme sino le obedecía. Ahora por primera vez sentí que lo tenía bajo mi control, por primera vez sabía que su equilibrio dependía de mí, y por primera vez lo sentí indefenso. Pero pronto también me sentiría yo indefenso…

Mientras escuchaba las palabras de mi hermano y sus manos rústicas apretando mis mejillas, no dejaba de recordar la escena aquella… Mi hermano estando de pié inclina a mi amiguito sobre la silla y saca su gran miembro escondido entre el short, luego un Juanchito que como experto lo engulle de inmediato, y aunque casi no pude percibir el tamaño por la premura de mi hambriento amigo logré a ver unos buenos 19 centímetros de un venoso palo, bien formado y peludo, ahora puedo decir que se veía exquisito… Las grandes manos de mi hermano dirigían la cabeza y los movimientos de adelante y hacia atrás…

Julián: Ahora dime tú, ¿te gustó lo que viste? Y sentí su mano acariciando mi pierna al tiempo.

Yo: Noo…! ¡Eso no está bien! Me negaba a expresar las reacciones que sentía mi cuerpo. Aún cuando sabía que no estaba tan mal, ya que en algunas oportunidades me dejé tocar el pene con Juanchito -pero eso es distinto porque los dos estamos en la misma edad y tenemos los penes pequeños-

Julián: di la verdad… Y su respiración suavemente se posó sobre mis lóbulos… Afff…. Que sensación tan irresistible. Estaba atravezando un camino de cosquillas y excitación a la vez, era algo que podía evitar, pero no lo quería parar, su labios a mi cuello se aferraban con tanto empeño y suavidad que no me permitía lanzarme al suelo y salir a toda marcha…

Julián: se que te gusta, igual que a Juanchito, así que si dices algo de lo que viste le dire a papá que eres una marica y que te gusta que te toquen los hombres grandes…

Su control mental no me afectaba en lo absoluto, mas bien sentía morbosidad de sus intenciones y esas palabras con tanta carga de obscenidades…

Julián: también te gustan los machos, yo lo se, preguntarle a tu amiguito como goza siempre conmigo, como me come la verga casi hasta los huevos, como le gusta cuando le doy nalgadas y le meto los dedos, o cuando le dejo el culo ardiendo y rojo, bien ancho, como el ancho de una manzana… Y mientras yo volaba entre sus brazos y sus zumbidos deliciosos, comienzo a sentir como su verga empieza a rozar mis nalgas sobre las telas, como mi hermano me hacía presión y fricción sobre su short. Sus pelos en el pecho y brazos pedían ser tocados, yo necesitaba tocarlos, saber si realmente es como imaginé que sería…

La dura mesa de billar se volvió en algún momento una cama. Que rápido me convencieron las palabras de mi hermano, y con mis mejillas cercanas a las bolas número 8 y 5, caigo en cuenta que estaba boca abajo y Julián haciendo un excelente trabajo con sus manos deshaciéndose de mis prendas.

Yo había ido nervioso a preguntarle las razones por las que abusaba de mi amiguito y resulta que ahora estaba sólo con la camisa que traía, casi preso y dominado por un intruso que se hacía paso en mis nalgas…

Con razón Juanchito disfrutaba tanto con mi hermano, no lo podía creer, tuve que voltear y comprobar si realmente el intruso era la lengua de Julián que me estaba causando aquella euforia tan grande, ¡Dios!… ¡Qué delicia su lengua y los bembes de los labios mordisqueando y rasgando mi culo!, era incomparable el éxtasis de sentir los pelos de su barba rozando mis glúteos y como sus soplidos enfriaban de forma sublime toda la saliva y baba que me depositaba…

Ahora entiendo por qué el pobrecito de Juanchito me abandonaba a mitad de un juego, sobretodo en las escondidas se desaparecía por casi media hora -yo inocentemente pensando que era muy bueno para esconderse- y realmente así era, sólo que se escondía acompañado… Ya entiendo lo que estaba disfrutando a mis espaldas y claramemte era estar en la gloria.

Un dedo medio intentaba taladrarme hasta lo mas hondo, y la incomodidad me invadía aunque lo gozaba igual. La lengua sanadora de Julián me reconfortaba el ardor y me hacía sentir cada vez mas desinhibido a mis pasiones.

Julián: Ahora es que vas a sentir lo bueno hermanito!, pero vamos por parte que aún no estás del todo listo. Mientras me bajaba de la mesa y me hizo arrodillar.

Ahora mi hermano mayor está frente a mí, y yo como sumiso con mi cara cerca de su vientre observando como baja con calma la elástica de su short junto con la ropa interior al mismo tiempo…

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Escrito por MarianoKing

El rey del incesto y la pedofilia

2 Comentarios

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  1. Solo quiero saber donde esta el inicio de este relato, esta muy exitante pero me mata la duda de donde inicia

  2. muy delicioso y excitante este relato, continua, queremos saber como lo hace gozar y como lo penetra profundamente con esa vergota de casi 20, y le abre el culito y el gusto por la verga de su hermano mayor, que ricura,

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