Angie – Excitándome en el colegio 1.


angie relato

Angie estando en el colegio con unas exquisitas calzas que le apretan su enorme culo se encuentra con Don Facundo, el auxiliar del colegio.

Una vez en mi cama medite todo lo ocurrido, por un lado entendía que mi cuerpo estaba en un proceso hormonal importante, tanto física como fisiológicamente, sumando las conversaciones de mis amigas sobre sus conquistas, los comentarios de los hombres en la calle sobre mi cuerpo, ese cuerpo que pedía a gritos ser consentido, el inminente despertar de calentura debía llegar.

Pero jamás pensé que sería viendo a mi hermana y cuñado teniendo relaciones, moralmente era incorrecto, pero todo se había dado, ciertamente no había culpables, y las sensaciones vividas se grabaron en cada célula de mi cuerpo, sensaciones inexploradas y desconocidas que me hicieron volar en aires de éxtasis, regalándome ese exquisito orgasmo, que ya lúcida me daba cuenta y me preguntaba si fue en particular mi culo, o la sumatoria de caricias recibidas más las estimulaciones audiovisuales, me preguntaba si era eso, o porque realmente mi trasero me había regalado esa bendita sensación, sumida en  pensamientos de intentar saber más acerca de esta faceta desconocida, sabía que debía dejar al tiempo para responder las dudas que nacieran en el camino.

Si bien me sentía más aliviada, quería más, quería volver a viajar, necesitaba más placer, así estuve tocándome casi una hora imaginando situaciones como las que creaba Lucía con Marcos, no podía dejar de excitarme al recordar cómo mi cuñado trataba a Lucía, como la tomaba fuerte entre sus manos para darle duro, o como le pegaba fuerte  a sus pompis sin compasión, le fascinaba pegarle en la cola, o como la tomaba del pelo de manera dominante, usándola como un objeto de placer.

Estaba muy excitada fantaseando ser tratada así, si bien quería que mi primera vez fuera mágica y especial, con lo que había presenciado había alterado mi realidad, en este momento quería que fuese como Marcos lo hacía, con esa actitud dominante.  Recordaba sus palabras:

Marcos: Es porque te encanta provocar y calentar hombres como tu madre.

Lucía: Nos encanta vestir provocativas para levantar verga.

Pensaba en eso, una y otra vez reconociendo que me encantaba sentirme admirada, si bien no era provocativa, siempre llamaba la atención por mi cuerpo, lo que un principio me complicaba, ahora era un preciado atributo que me hacía sentir bella, deseada, feliz.

Me preguntaba qué pasaría si fuese más provocativa y coqueta con el tremendo cuerpo que tenía, lo más probable que corriese peligro, me estremecía de solo imaginarme usando un vestido sexy en algún lugar público donde hubiesen muchos hombres mirándome.

uhmm Don Pedro, como podía ser él buscando alguna lógica, aquello era tan sucio, ese hombre era un viejo verde, muy feo y casi calvo, con su panzota que me daba asco, con esas calientes miradas pervertidas, no entendía cómo ambos gozaban fantaseando con él.

Sin embargo no se porque me imagine provocando a ese viejo verde con la sola intención de fastidiarlo de que nunca podría estar conmigo, me imaginaba que bajaba a la piscina con un bikini atrevido que dejará poco a la imaginación, caminando coqueta realzando mi cola sensualmente frente a sus ojos.

Al otro día me sentía algo cansada, pero más aliviada y con el fuego latente resonando por mí ser, me arreglaba para el colegio con mi buzo para educación física, era mi día para entrenar y liberar energía. Tome mi desayuno, me despedí  y me fui a tomar el bus.

Teníamos educación física a la primera hora, así que una vez pisado el colegio pasaba directo al baño a quitarme el buzo, ya que por reglamento teníamos que ocupar la ropa del colegio camiseta y calzas rosadas con calcetas blancas.

Al principio me acomplejaba, mis compañeros miraban sin disimulo, me daba mucha vergüenza, hasta que gracias a las palabras de mami ya lo aceptaba,  me quería así, ahora me sentía bien, orgullosa, y aparte las calzas me quedaban bien ajustadas, me causaba gracia que sufrieran por solo verlo.

Así que solo me concentraba en los ejercicios con energía y motivación, pensaba que me caería bien liberar más energía, iba mentalizada cuando se me cruza Don Facundo (Era un auxiliar del colegio que hacía tareas múltiples, como aseo general, abrir y cerrar salas, los baños, recolección de objetos extraviados, debía tener 48 años, era una buena persona, siempre le conservaba, un señor humilde, muy respetuoso y educado, hasta me producía algo de atracción, ya que se conservaba bastante bien).

Don Facundo: señorita, cómo está usted?

Yo: Muy bien Don Facundo, cómo está usted señor, cómo va el trabajo, como lo trata la vida.

Don Facundo: Bien mija, acá luchando, siempre con la sonrisa a pesar de todo. (En ese momento recordé por palabras de él que ha sufrido mucho, era huérfano y perdió a su hija cuando tenía 10 años)

Yo: Tiene que ser fuerte, acá estamos para ayudarlo y darle sonrisas para que sea más feliz, usted es un ejemplo señor y aquí todos lo queremos mucho.

Agache la vista porque sentía cariño por él y su tristeza me llegaba, hasta que un pensamiento me hizo recordar a mi hermana y su morbo asociado, la fantasía con el conserje, la palabra me quedó resonando dejándome con cara de pava, mire a  Don Facundo como tal y lo internalice en la fantasía de Lucía, inmediatamente comencé a imaginar a mi hermana con Don Facundo, no sé con qué cara baje mis ojos a su pecho, tenía de esos trajes de mecánicos con 2 botones sueltos, le alcanzaba a ver su pecho velludo con pelos blancos y uno que otro más oscuros, le daba un toque recio, de madurez, si bien tenía algo de pancita se encontraba muy marcado físicamente. Estaba hipnotizada, quería bajar la vista y mirar bien su cuerpo, pero me pareció demasiado, no me atreví, solo recordé cuando un día bajo un potente sol Don Facundo cargaba unas piedras en musculosa, completamente sudado, todas quedamos muy sorprendidas de lo bien conversado que se encontraba Don Facundo para sus años, casi cincuenta.

No sé cuánto tiempo pasó durante mis pensamientos hasta que Don Facundo preocupado por mi comportamiento se acercó a mí y muy gentilmente me puso una mano en mi brazo y la otra en la espalda como previniendo un posible desmayo y me pregunto si estaba bien.

Ese contacto fue como una descarga de corriente con tales pensamientos, sentir sus manos grandes y maltratadas, muy ásperas producto del trabajo pesado, hacer contacto con mi delicada y suave piel, ese raspadito me dio escalofríos y tuve que apoyarme entre sus brazos para disimular.

Yo: Ay disculpe Don Facundo que no me he sentido muy bien, ando en mis días, algo alterada y sensible, discúlpeme.

Don Facundo: No pasa nada señorita, está segura, se siente mejor?, si gusta la acompañó a enfermería? (Mientras mantenía cada una de sus mano en mis brazos a la altura de mis pechos mirándome fijamente, sus manos involuntariamente me apretaban muy suave esperando mi respuesta, pero otra vez mis pensamientos me jugaban una mala pasada delatando mi condición de necesidad, imaginaba a mi hermana besando el pecho velludo de don facundo queriendo bajar hasta su intimidad, mi pecho se empezó a agitar y no sabía que decir, solo sentía…

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