AGUASCALIENTES


Les he comentado que en mi adolescencia fui un muchacho muy promiscuo, a mi me encanta coger y durante esos años, lo hice con una gran cantidad de compañeros, amigos, conocidos y desconocidos, jugando con fuego

Les he comentado que en mi adolescencia fui un muchacho muy promiscuo, a mi me encanta coger y durante esos años, lo hice con una gran cantidad de compañeros, amigos, conocidos y desconocidos, jugando con fuego, a riesgo de contraer alguna enfermedad (cosa que no sucedió, afortunadamente) o enfrentar la furia de mis padres y el rechazo de mis familiares y amigos más cercanos, cosa que no sucedió tampoco, pues siempre tuve la discreción se actuar en escenarios que no estuvieran cercanos a la Colonia donde vivía o elegía personas que, estaba seguro, no iban a tener contacto con mi familia.

El caso es que en algunas ocasiones fui sujeto, por el riesgo en que vivía, de varias violaciones, hoy les contaré cómo sucedió una.

Mi padre trabajaba como contratista de una empresa constructora, él se encargaba de efectuar las instalaciones eléctricas de edificios, grupos de departamentos o grandes residencias, y para tal fin siempre traía una cuadrilla de trabajadores que se trasladaban con él a diferentes ciudades del centro y occidente del país.

Mis dos hermanos y yo acompañábamos a mi padre en vacaciones, épocas en las que teníamos la oportunidad de convivir con él, aprender un oficio y ganar algunos pesos, yo por mi parte disfrutaba viendo a los trabajadores, algunos de ellos muy varoniles, fuertes, musculosos y de escuchar sus bromas y albures, además de que si se podía, buscaba la manera de que alguno de ellos, me cogiera.

El caso es que cuando yo iba a cumplir 17 años y salí del tercer semestre de la preparatoria, me fui con mi padre a la Ciudad de Aguascalientes, acompañado de tres de sus trabajadores, Ernesto, Carlos y Guillermo, todos jóvenes, entre 22 y 25 años, los dos primeros altos y Guillermo, más bajito, pero con un cuerpo espectacular, llegamos a Aguascalientes y estuvimos trabajando en una residencia, toda la semana estuve “jugando” con los tres muchachos, diciéndoles indirectas, observándoles el bulto, buscando el contacto visual, etc., y ellos se dieron cuenta, de tal manera que a veces sorprendía su mirada sobre mi, tocándose la verga y Ernesto buscando siempre mear delante de mi, para que se la pudiera ver.

El sábado por la mañana mi padre tuvo que regresar a la ciudad de Guadalajara, por más material y para efectuar unos trámites, yo le pedí quedarme en Aguascalientes, cosa a lo que accedió, después que Ernesto, encargado de la obra en su ausencia, le prometió que me “cuidarían” muy bien, cosa que efectivamente sucedió.

Durante ese día se palpaba un ambiente de tensión entre los cuatro, yo veía sus vergas paradas sobre el pantalón y no dejaba de saboreármelas, por la tarde cuando Ernesto liquidó a los trabajadores eventuales y éstos se retiraron, mis tres guardianes cerraron todas las puertas de la residencia y se dirigieron a la habitación, donde yo me hacía tarugo “leyendo” un libro, del que no entendía nada, pues en mi mente sólo había vergas y más vergas.

De pronto los tres entraron a la habitación y sin darme oportunidad de reaccionar se abalanzaron sobre mí, quitándome la ropa y así, todavía con el sudor de la jornada, empezaron a acariciarme de la forma más tosca que puedan imaginarse

– Ahora, si putito, ¿querías vergas? ¿Verdad? Pues te vamos a llenar el culo hasta que te canses Yo comencé a “gritar” pidiéndoles que no me lastimaran, que me dejaran en paz (cosa que no deseaba realmente), pero Guillermo, que ya estaba desnudo y mostrándome una soberana verga de más de 20 centímetros, me dijo

– Ni madres, jotito, toda la semana nos has cucado, ahora se aguanta mi rey y metiéndome un dedo ensalivado en el culo, procedió a meterme su verga, cosa que me resultó dolorosa, porque no me dio oportunidad ni de respirar.

Con un fuerte dolor en el culo, producto de las embestidas de Guillermo, Ernesto, me tomó de la nuca y sin más trámite me enterró su verga en la boca, cosa muy difícil pues también era enorme, y comenzó a bombear tratando de enterrarme su palo hasta el fondo, yo sentía como me taladraba la garganta y me provocaba arcadas, sin embargo Ernesto me tenía bien agarrado del cabello, ensartándom

e su verga hasta el fondo y gimiendo de placer.

Yo comencé a asustarme, pues la actitud de los tres no era para nada parecida a la corrección con que siempre me habían tratado, estaban como locos, Guillermo me ensartaba hasta el fondo, sin contemplaciones, mientras Ernesto me jodía, por la boca

– Chúpamela, cabrón, toma toda mi leche, mámamela, ¿eso querías?, trágate toda mi verga, pinche putito

– ¡Qué culo tan apretado¡, muévete, pinche jotito, ¡muévete! Los dos me estaban violando de la forma más salvaje posible, Guillermo, incluso golpeándome las nalgas, cada que me pedía que me moviera Mientras tanto Carlos observaba la escena, todavía no se quitaba el pantalón, pero entre brumas yo observaba el bulto de lo que prometía ser una verga de campeonato, de pronto Ernesto me retiró un poco la verga y comenzó a chorrearse sobre mi cara, yo traté de tomar toda la leche que pude, pero fue imposible, porque parecía una fuente inagotable, una cosa que me sorprendió fue la fuerza tremenda que tenía, al instante Guillermo retiró su verga de mi culo y comenzó a correrse sobre mi espalda, embarrándome sus mecos con sus manos, sin darme oportunidad de respirar, ambos excitados ante la vista de mi cuerpo bañado de leche, me volvieron a montar, cambiando de posiciones, Ernesto me acomodó de espaldas, levantó mis piernas sobre su hombro y dirigió su verga a mi culo, ensartándome inmediatamente sin mayor trámite hasta el fondo, buscando en todo lo posible causarme más daño que placer, mientras Guillermo ya había metido su tranca en mi boca, jalándome de los pelos para que me tragara más y más

– Así, pinche putito, trágatela, chupámela, rico, rico

– Si vieras lo apretadito que está, Carlos, te lo voy a dejar bien aceitado, para que lo goces, para que te lo cojas hasta que te canses Esto duró unos minutos más, hasta que ambos se corrieron dentro de mí, yo como pude me tragué toda la leche de Guillermo y Ernesto una vez que me retiró su verga, con la leche que me salió por el culo comenzó a lubricarme, diciéndome

– ¿Cómo te han parecido nuestras vergas? Yo le contesté que estaban muy grandes y que me estaban haciendo daño, que podíamos pasarla mejor si me permitían participar, Guillermo soltó una carcajada y me dijo

– Mire, papito, toda la semana nos estuvo gritando ¡quiero verga!, ahora se aguanta y si crees que mi pito y el de este cabrón, dijo, señalando a Ernesto, están grandes, váyase preparando para la sorpresita que le tiene reservada Carlos, así que aguántese Ambos se retiraron y comenzaron a reírse, cuando Carlos empezó a quitarse el pantalón poco a poco, yo expectante no podía dejar de ver los movimientos de Carlos, desabotonándose poco a poco el pantalón y las caras de lujuria de Ernesto y Guillermo, hasta que pude ver en todo su esplendor una gigantesca verga, casi de 30 centímetros (la más parecida a la de Jorge que yo había visto hasta el momento) con una cabeza fenomenal, que ya mostraba en la punta una gotita de semen.

Yo quise levantarme y correr, porque lo que iba a suceder, no prometía nada bueno para mí, pero Ernesto más rápido y ágil me detuvo, diciéndome

– Como la viejita del chiste, pendejo, ¡dijeron que todas¡ y se va a tragar todas nuestras vergas hasta que quedes quebrado, ahora se me aguanta y dándome una cachetada, que me saltó las lágrimas, me dirigió a Carlos, que ya se había sentado en una silla, apuntándome con su palo que se levantaba orgulloso como el mástil de un barco.

Carlos me tomó de los brazos y me pidió que me ensartara en él, como pude, pues todavía me temblaban las piernas, por las dos cogidas anteriores, me abrí y traté de colocar la entrada de mi culo en la enorme cabeza de su verga, Ernesto sin contemplaciones empujó mi espalda y de un salto me tragué casi la mitad de la verga de Carlos, yo comencé a llorar pues el dolor era indescriptible, sin embargo eso no conmovió a mis violadores, pues Ernesto y Guillermo festejaban ruidosamente cada centímetro de verga que me entraba.

– No mames buey, ya casi se la traga toda

– ¡Duro¡ ¡duro¡ le echaba porras Guillermo, Cuando toda le verga entró yo gritaba desesperado, Carlos pujaba de excitación y Ernesto y Guillermo trataron ambos de meterme su verga en la boca, que ya estaban paradas de nuevo, yo no podía v

er, sólo sentía las palpitaciones de la verga de Carlos dentro de mi culo, y pedía a gritos que me la sacara, cosa a la que no accedió.

Carlos tomándome por las piernas y yo por su cuello se paró quedando yo abrazado y ensartado y a continuación comenzó a correr por toda la casa, subiendo y bajando escaleras cargándome de a cangurito, riéndose y celebrando que se había cogido al hijo del patrón, hasta que se dirigió a la cocina depositándome de espaldas en la mesa del comedor, donde comenzó a bombear su tremenda verga en mi culo, mientras Ernesto y Guillermo observaban la escena con expectación.

– Pinche Carlos nos lo vas a dejar bien guango.

– No mames buey, ya ni voy a sentir nada.

Carlos estuvo metiéndomela hasta que se corrió, yo sentí como su leche escurría por mi culo, cuando me pude levantar, vi un charco monumental de semen sobre la tabla y Carlos me ordenó que me la tragara, cosa que hice, para posteriormente tomar su verga entre mis labios y limpiarla de todos los restos de la cogida.

En ese momento, los tres me dieron un respiro, me llevaron a uno de los baños y los cuatro nos metimos en la regadera, para limpiarnos un poco, después de eso ellos se dirigieron a donde estaban sus cosas para secarse y limpiarse, pudiendo yo disfrutar de un momento de tranquilidad que me permitiera tomar fuerzas, dándome masajes en el culo, que afortunadamente había pasado esa prueba de fuego, sin romperse.

Me dirigí al cuarto donde tenía mis cosas, cuando entraron los tres para seguir con la sesión, Ernesto me pidió disculpas por la forma en que me habían tratado, diciéndome que no era bueno provocar a los demás como yo lo había hecho, cosa que acepté como una buena lección.

A partir de allí, las cosas fueron diferentes, los tres me cogieron de nuevo, pero tuvieron más consideraciones, Carlos me pidió que masticara un poco de pasta de dientes sabor menta, después me pidió que se la mamara, cosa que hice y pude percatarme que la menta provocaba más excitación en Carlos, hasta la verga le crecía más, él les dijo a sus compañeros que le calaran, cosa que hicieron, y que les provocó mayor placer.

Ernesto me acomodó de a perrito y con mucho cuidado me la fue metiendo, mientras Guillermo utilizaba mi boca para que se la acariciara, cosa que hice como si de ello dependiera mi vida.

Carlos de nuevo observaba la escena, hasta que no pudo más y dirigiéndose a donde estaba Ernesto trató de meterme uno de sus dedos, sobre la verga de Ernesto, cosa que pudo lograr no sin algo de esfuerzo, Guillermo sacó su verga de mi boca y se dirigió a mi culo para observar el trabajo que estaban realizando Ernesto y Carlos, entonces le pidió a Carlos que retirara su dedo de mi culo y trató de ensartarme junto con Ernesto, yo me sentía a poco de reventar, pues la tarea de tragarme dos vergas por el culo a la vez era imposible, sin embargo lo estuvieron intentando, hasta que poco a poco Guillermo introdujo su cabeza y comenzó a bombear, yo gritaba de que pararan pero ambos estaban emocionados y continuaban bombeando sobre mi culo, mientras Carlos sin darme tiempo de respirar me metía su verga en la boca, hasta que los tres se vaciaron dentro de mí, recibiendo una buena cantidad de leche de nuevo.

Después de esa cogida fenomenal, me dejaron descansar, durmiendo un poco, mientras ellos iban al centro de la ciudad a comprar víveres para preparar la cena, cuando desperté sólo estaba Carlos, quien desnudo preparaba una bebida, invitándome otra, yo acepté un refresco y nos pusimos a platicar, el me contó de sus aventuras, con hombres y con mujeres, aunque el confesaba que le gustaban más los culitos como el mío, que las vaginas de las mujeres, pero que como en las guerras, cualquier agujero es trinchera, así que no desperdiciaba cualquier oportunidad que tuviera para coger.

Yo le conté de algunas de mis aventuras, omitiendo nombres, cosa que comenzó a excitarlo como pude al apreciar su verga que comenzaba a levantarse de nuevo.

En un momento dado me dirigí a uno de los lavaderos, pues tenía unas prendas que quería enjuagar, cuando de pronto sentí detrás de mí a Carlos, que comenzó a acariciarme y tocando suavemente mi culo comenzó a ensalivarlo hablándome al oído, diciéndome lo apretadito que tenía el culo (aunque había sido bombardeado sin misericordia durante toda la tarde), yo comencé a calentarme y abriend

o las piernas le pedí que me la metiera, cosa que el me complació, comenzando a meter delicadamente cada centímetro de su verga, besándome el cuello y la boca sin dejar de acariciar mi cuerpo con las enormes manos que tenía, así de espaldas a él y sobre un lavadero me cogió de nuevo de la forma más maravillosa que se puedan imaginar.

Cuando Guillermo y Ernesto llegaron se dieron cuenta inmediatamente que habíamos tenido una sesión privada de sexo, así que cada uno reclamó su parte y yo goloso se las di, procediendo a mamar ambas vergas y acomodándome para que ambos me la pudieran meter, cosa que hicieron de nuevo, mientras con mi boca jugueteaba con la verga y huevos de Carlos.

Esa noche dormí con Ernesto, pues él era el jefe de los tres, así que había que respetar la jerarquía, en todo momento tuve su verga entre mis manos, mamándola cada que podía.

A la mañana siguiente nos levantamos temprano, nos bañamos y tuvimos una sesión breve de sexo (sólo una vez con los tres), después nos vestimos y fuimos a recorrer la ciudad, pues no la conocíamos aún, por la tarde nos dirigimos a la residencia, donde ya nos esperaba mi padre, quien al verme me abrazó preguntándome como me habían tratado los muchachos, ellos me dirigieron una mirada de complicidad y le aseguré a mi padre que me habían cuidado muy bien, cosa que él les agradeció, incluso con un bono extra que les dio en el salario.

A partir de ese día y de la forma más discreta posible, yo mantenía encuentros con alguno de ellos, esas vacaciones fueron maravillosas, pues tuve a mi disposición tres maravillosas vergas que hicieron la delicia de mi paladar.

P.D.

Ernesto y Guillermo se despidieron pronto de mi padre, y no los volví a ver, Carlos fue otra historia, que les contaré próximamente.

Autor: autlan_69

autlan_69 ( arroba ) hotmail.com

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